A veces es una muerte. A veces es una casa que se quemó, un país que dejaste, un cuerpo que dejó de funcionar como antes, una carrera que se acabó, alguien que se fue estando vivo.
Y a veces eres tú. Hay gente que sale de una relación y descubre que lleva años sin ser quien era. No murió nadie. No se quemó nada. No hay nada que señalar. Solo la certeza de que en algún punto te fuiste desapareciendo de ti mismo, y que nadie te dio permiso para llamarle duelo a eso.
Es duelo.
Todos comparten lo mismo: un antes que no vuelve, y un después para el que nadie te preparó.

¿QUIÉN SOY?
Llegué a este trabajo por el camino que nadie elige.
En 2015 perdí a mi esposa. Yo tenía 37 años y nuestra hija acababa de cumplir dos.
Durante mucho tiempo no supe cómo cargar eso, y me perdí bastante antes de encontrar el camino de vuelta. Perdí a mi esposa y después me perdí a mí: dos duelos, y solo uno tenía nombre.
Cuando salí, no volví a ser quien era. Nadie vuelve. Pero empecé a entender lo que me había pasado no como una tristeza que había que superar, sino como un estado que había que aprender a habitar.
Esa comprensión me llevó a formarme primero como end-of-life doula y practitioner psicodélico certificado, y después como grief coach certificado con un enfoque trauma-informed. Aprendí además de mentores psicólogos, doulas y gente que trabaja con estados no-ordinarios desde hace décadas.
No soy terapeuta ni médico, y no ocupo el lugar de ninguno de los dos. Parte de mi trabajo es decírtelo cuando lo que necesites sea uno de ellos.
EL ENFOQUE
El duelo es un estado alterado de conciencia.
Al duelo se le trata como tristeza. No es tristeza.
La tristeza la conoces desde niño. Sabes cómo se siente, sabes que pasa, sabes que vuelve. Esto es otra cosa.
No lo digo como metáfora. Lo digo literal.
El tiempo deja de funcionar igual: un minuto dura horas, un mes desaparece. Lo que antes hacías sin pensar ahora hay que decidirlo. Y la persona que hacía todo eso sin pensarlo, esa persona que eras, ya no está del todo ahí.
Es un estado no-ordinario. El mismo territorio que las tradiciones han cruzado durante milenios con ceremonia, con medicina, con alguien que ya estuvo dentro. La diferencia es que a este nadie te lleva preparado. Te empuja la vida, un día cualquiera, sin avisar.
Por eso el duelo se siente como enloquecer. No estás enloqueciendo. Estás en un estado no-ordinario sin mapa, sin guía, y sin que nadie te haya explicado que lo que sientes tiene una forma.
Y por eso, para quien lo elige, tiene sentido acompañarlo con trabajo psicodélico. No como escape ni como atajo. El duelo ya te metió en ese estado. Esto es entrar ahí con los ojos abiertos y con alguien al lado.
Una pérdida es cualquier cambio o final que no planeamos.
¿CÓMO TRABAJO?
No trabajo para devolverte a la normalidad.
La normalidad era el mundo de antes, y ese mundo se acabó.
Trabajo para que puedas estar en esto y seguir funcionando en tu vida: el cuerpo más regulado, menos miedo a lo que sientes, la capacidad de quedarte en lo que duele sin salir corriendo.
Eso no se consigue entendiéndolo. Se consigue practicándolo, en días buenos y en días malos, hasta que tu sistema nervioso aprende que puede sostenerlo.
Algunos días vas a poder. Otros no. Eso no es retroceso, es la forma que tiene esto.
El trabajo no está en el momento en que entiendes algo. Está en lo que haces con eso, después.
Las puertas de entrada
Tres formas de hacerlo.
Ninguna es requisito de la otra.
Acompañamiento 1:1
Hay cosas que un programa no puede hacer.
No puede ver tu cara cuando dices que estás bien. No puede notar de qué te desvías cada vez que nos acercamos a algo. No puede ajustarse a ti en tiempo real.
Parte de este trabajo, para quien lo elige, es psicodélico. A veces es algo sostenido, de baja intensidad, que se integra al día a día y trabaja despacio. Otras veces es una experiencia puntual, más profunda, que se prepara con cuidado y se integra después con más cuidado todavía. Cuál tiene sentido, o si ninguno lo tiene, no se decide en una página web. Se conversa.
El acompañamiento 1:1 es una inversión de $900 a $5,400, según la profundidad del trabajo. La estructura exacta, cuántas sesiones y con qué cadencia, la definimos en la conversación. Te lo digo aquí porque no me parece correcto que escuches un número por primera vez después de haberte abierto conmigo media hora.
No es para todos, y no pretende serlo. Antes de empezar, conversamos, porque este trabajo exige que ambos sepamos que es el fit correcto antes de comprometernos con él.
El acompañamiento psicodélico es un trabajo de proceso, no una indicación médica ni una guía de dosificación, y no sustituye la valoración de un profesional de salud. No proveo sustancias. Si tomas medicación psiquiátrica o tienes antecedentes de ciertas condiciones, esto se habla con un médico antes de empezar. Mi nota completa sobre cuándo buscar más apoyo está aquí.
Preguntas frecuentes






























