¿Dónde estás?
El duelo es un final que no planeaste
A veces es una muerte. A veces es un matrimonio que terminó, un país que dejaste, una carrera que se cayó, un cuerpo que dejó de funcionar como antes, alguien que sigue vivo y ya no está.
Y a veces eres tú. Hay quien sale de una relación y descubre que lleva años sin ser quien era. No murió nadie. No se quemó nada. No hay nada que señalar. Solo la certeza de que en algún punto te fuiste desapareciendo, y que nadie te dio permiso para llamarle duelo a eso.
Es duelo.
Todos comparten lo mismo: un antes que no vuelve, y un después para el que nadie te preparó.
EL estado
El duelo es un estado no-ordinario de conciencia.
Al duelo lo tratan como tristeza. La tristeza la conoces desde niño: sabes cómo se siente y sabes que pasa. Esto es otra cosa. El tiempo deja de funcionar igual, un minuto dura horas y un mes desaparece. Lo que antes hacías sin pensar ahora hay que decidirlo.
Es el mismo territorio que las tradiciones han atravesado durante milenios con ceremonia, con medicina, con alguien que ya estuvo dentro. La diferencia es que a este nadie te lleva preparado. Te empuja la vida, sin avisar.
Por eso se siente como enloquecer. No estás enloqueciendo. Estás en un estado no-ordinario, y lo que sientes tiene una forma.
Es un estado. Y de los estados sí se sale.
¿CÓMO TRABAJO?
No busco devolverte a la normalidad.
La normalidad era el mundo completo: quién eras, con quién contabas, qué esperabas del año siguiente. Ese mundo no regresa.
Mi trabajo es que puedas funcionar mientras aprendes a vivir con esto. Las dos cosas a la vez, desde la primera semana.
Funcionar es concreto. Que tu casa siga en pie. Que la gente que te quiere siga sabiendo de ti. Que puedas volver a hacer lo que sabes hacer, aunque hoy te cueste el triple.
Nada de eso pide que estés bien. Pide que alguien decida contigo qué sostiene esta semana y qué no.
Para empezar no hace falta sentir que puedes.
Hace 3 meses no pensaba que volvería a hacer estos eventos. No puedo creer que en menos de un año ya estoy otra vez haciendo lo que me gusta. Sin ti no solo no estaría aquí, sino que habría botado lo que me quedaba. El dolor sigue siendo infinito, y hago todo más lento, pero lo hago y ahora sé que puedo. Y cuando no podía, tú estabas ahí.
Marta
Duelo por desposesión
POR DÓNDE EMPEZAR
Cuatro maneras. Ninguna es requisito de la otra.

¿QUIÉN SOY?
Llegué a este trabajo por el camino que nadie elige.
En 2015 perdí a mi esposa. Yo tenía 37 años y nuestra hija acababa de cumplir dos.
Hice todo lo que no se debe hacer. Dejé mi empresa, mi apartamento y a casi todos mis amigos. Desarmé en un año lo que me había tomado diez construir, convencido de que estaba avanzando. Once años después sigo pagando esas decisiones.
Perdí a mi esposa y después me perdí a mí. Dos duelos, y solo uno tenía nombre.
Cuando salí no volví a ser quien era. Nadie vuelve. Lo que sí cambió fue entender qué me había pasado.
Me formé como coach de duelo certificado con enfoque trauma-informed, como doula de final de vida y como guía de medicinas psicodélicas. Aprendí de mentores psicólogos, doulas y gente que trabaja con estados no-ordinarios desde hace décadas. Antes de esto pasé veinte años como editor y director de post-producción, contando historias de otra gente.
Llevo años acompañando gente que llega por caminos muy distintos y se detiene en los mismos lugares. En una sesión sé ver en cuál de esos lugares estás. Casi nadie lo ve por su cuenta, y por eso lleva años dándole vueltas.
No soy terapeuta ni médico, y no ocupo el lugar de ninguno de los dos. Parte de mi trabajo es decírtelo cuando lo que necesites sea uno de ellos.
Preguntas frecuentes






























